La educación sexual es una material de reciente incorporación en las escuelas y hay muchas maneras de brindar educación sexual y esto depende de la metodología que usemos y de las concepciones ideológicas.
Y en esto de las ideologías hace referencia a la mirada institucional que tiene una escuela respecto al tema de la sexualidad. En algunas escuelas especiales es un obstáculo si desde la dirección cierran las puertas al tema o si el equipo técnico de un Centro de Día no ven el derecho que tiene cada paciente de recibir educación en sexualidad. He conversado con colegas que ven que delante de jóvenes y adolescentes con discapacidad intelectual hablan de sus experiencias sexuales del fin de semana y si alguien les hace la observación, mira que te escuchan la respuesta fue “pero si no entiende lo que estoy diciendo”
Y esto tiene que ver con los valores y costumbres referidos a la sexualidad de cada uno
La sexología es una ciencia compleja dado que nuestra sexualidad es compleja y a veces la educación sexual queda acotada a la ideología de quien la brinda. Lo cierto es que quien brinde educación sexual deberá poseer conocimientos específicos y condiciones personales basadas en el respeto hacia la diversidad de ideas, creencias y pautas culturales de las personas. Y en discapacidad saber de las diferentes patologías y aceptar que más allá de la discapacidad es una persona con los mismos derechos que otra sin discapacidad.
El docente y/o coordinador deberá reunir condiciones adecuada en los manejos de dinámicas grupales, técnicas participativas; ser un facilitador de aprendizajes, abierto a nuevas ideas, comunicativo. Evitar discursos prejuiciosos, alarmista y fatalista
Por lo que el perfil del educador sexual deberá sortear algunas cuestiones:
-
Tener en claro que a veces cuestiones de su propia sexualidad quedarán expuestas, ya que a veces un gesto, una mirada dice más que una exposición teórica, y tener en claro que a veces pensamientos personales se dirán y separar lo de lo científico.
-
No tener miedo a decir ésta es mi creencia , mi pensamiento mi valor y mi modo de vivir la sexualidad teniendo en claro que no es el único ni el valedero, y repito lo que he dicho en otras oportunidades lo que es bueno par a mi puede no serlo para otra persona, pero si debo saber reconocer y diferenciar lo científicamente comprobable de lo que no lo es y de que hay situaciones que hacen a la cultura de un grupo y a las costumbres, como lo son por ejemplo las costumbres en cada religión.
-
Miedo a exponer su propia sexualidad, lo que implica pensar que como el otro no puede comprender entonces digo y cuento cualquier cosa, sino por el contrario ser capaz de asumir cuestiones personales y diferenciarla de lo científico
-
Temor a ser subjetivo al trasmitir creencias, valores y modos de vivir la sexualidad, puedo hacer referencia de mi pensamiento pero no creer que es el único válido.
-
Desconocimiento de la didáctica y de las técnicas aplicadas a la enseñanza en el campo de la educación sexual, debe formarse en técnicas pedagógicas para brindar charlas talleres. Incertidumbre respecto a la población y sus modos de expresión, valores, temores, creencias y prejuicios.
En lo posible el educador sexual debería ser una figura conocida, de la que uno pueda saber su experiencia en el tema, situación que le permitirá mayor soltura a la hora de preguntar y consultar.
Prof. María Marta Castro Martín
Sexóloga Educativa